sábado, 12 de diciembre de 2009



El diario de Colón traducido por el dueño del diario La Nueva Provincia

EDITORIAL
Mapuches

Envalentonados por la teoría en boga (y falsa) de que constituyen una estirpe originaria de nuestro suelo, grupos de descendientes mapuches en franca escalada reivindicatoria han ocupado por la fuerza en estos días un predio de tierras fiscales argentinas.
Además de esto, y para enfatizar --suponemos-- su voluntad de diferenciarse culturalmente de quienes no sean ellos, tomaron por asalto primero y por botín después las instalaciones de una iglesia católica, cuya feligresía presente y ausente se sentirá, mal que pese a los reivindicantes, mas católica que mapuche.
Hace cientos de años la gente de este pueblo, respetable como la de cualquier otro, llegó desde la transcordillera chilena hasta el territorio que hoy es nuestro y liquidaron, por diezmamiento y exclusión, a los indios autóctonos de aquí: los tehuelches.
Se valieron para esto de una superioridad en número y fuerza idéntica a la empleada más tarde por los españoles para diezmarlos y excluirlos a ellos. A lo segundo le dicen genocidio, mientras todos callan lo primero por no parecer políticamente incorrectos.
Ni de lejos son la Argentina y sus leyes lo mismo que España y las suyas. Pero sólo un tonto discutiría que, como cultura y como lengua, nos acercamos bastante más a la madre patria que al pueblo mapuche.
Debido a esa tradición, nuestra nación elige acoger como hijos a los de cualquier raza, y aun de permitir que critiquen su ley. No que la desacaten.

http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/1/11/2009/9b1003.html (copiar y pegar el link para ver el original porque mi ignorancia cibernetica todavía sigue siendo COLOSAL)

Si, si leen ésto personas que no saben de historia, literatura o antropología, van a tener un razonamiento bastante errado de lo que fue la cultura Mapuche.
Y pensar que éste es un diario leído por gente bahiense que piensa que en él está escrita la verdad social.
¡Pues no!, están equivocados...creo que no soy la única que opina que hay que dudar mas de los medios de comunicación.

martes, 20 de octubre de 2009

Una radiografía del poder global
Libro: Hitler ganó la guerra. Autor: Walter Graziano. Sudamericana. 234 páginas.

HitlerEs necesario comenzar a hablar de este libro haciendo una advertencia a los potenciales lectores: ya sea por atracción o repulsión, no se guíen ni por la tapa ni por su título. El autor no es ningún neonazi que alucina con una imagen triunfante del Fuhrer, ni nada que se le parezca.

Es más, el libro se ocupa de Hitler y el nazismo apenas en algunos parágrafos. Esta obra es en realidad una exhaustiva y documentada investigación sobre la elite oligárquica que controla el poder en los Estados Unidos desde sus orígenes como Estado. Pero no es un libro de historia, aunque muchos de los problemas de los que se ocupa tengan su origen en el siglo XIX.

El libro se ocupa de la situación actual de la estructura de poder mundial que lidera Estados Unidos, y por lo tanto el actual presidente Bush y su familia se convierten en el eje de la investigación de Graziano. Desde la importancia que Bush padre tuvo para la CIA, hasta el peso del oligopolio petrolero en las decisiones políticas, los Bush son personajes nefastamente recurrentes en esta historia. El sujeto central de este libro es la “elite angloamericana”, y se muestra como el establishment norteamericano proviene de las oligarquías inglesas que conquistaron esa tierra siglos atrás.

Como economista que es, Graziano se centra en el poder económico, y como este se transforma en elitismo político. No hay nada de foucaultiano en su concepción del poder; no está ni disperso ni difuminado en los distintos estamentos sociales. El poder del que habla Graziano tiene nombre y apellido, lugares y fechas, montos y números. Es un poder monolítico, conspirador y omnipotente. De ahí la analogía con el tipo de poder que ejerció Hitler, y que el autor sugiera que la sociedad norteamericana de hoy sea una versión triunfante del derrotado modelo nazi; siempre en lo referente a la organización del Estado y las relaciones de connivencia entre las corporaciones económicas con los gobernantes.

También hay algunas relaciones puntuales entre el nazismo y la elite angloamericana de Estados Unidos, sobre todo en cuanto a inversiones de empresarios norteamericanos en el Tercer Reich (petróleo e industria), puntos ideológicos en común (sobre todo el racismo) o el refugio que se dio a prestigiosos nazis luego de la guerra. Pero no mucho más hay sobre el nazismo, en un libro donde la estrecha relación entre las oligarquías norteamericanas e inglesas ofrece muchos más puntos de apoyo para comprender el conflicto que se estudia.

Al especializarse en economía, los dos primeros capítulos del libro de Graziano son de corte casi técnicos. Quizás el primer capítulo dedique demasiado espacio a una sutileza macroeconómica que en realidad es ya una evidencia –que la búsqueda del puro beneficio individual en los sujetos lleva a la destrucción de la sociedad a la que pertenecen–, y ahuyente a lectores que no están especializados en la materia; pero que bien podrían interesarse en las cuestiones que se abordan más adelante. Ese primer capítulo es una barrera bastante importante para el lector medio, no universitario, que quizás no tenga ganas de seguir leyendo luego de tanta teoría macroeconómica; aunque el resto del libro sea muy atrayente para un público bastante más amplio.

Puede ser que el título y la tapa del libro, de corte más marketineros, sean una forma de compensar esto, y alentar a los lectores a seguir adelante. Quienes lo hagan, tendrán la suerte de encontrar datos reveladores sobre los atentados del 11 de septiembre, sobre la dinastía Bush y el consorcio que maneja el poder a nivel mundial y sus mecanismos (como el FMI o el Banco Mundial). El último capítulo, sobre las sociedades secretas que desde las universidades norteamericanas sustentan este perverso mecanismo, deja un amargo gusto conspirativo. Al final del libro, si alguien se siente un poquito paranoico, está en todo su derecho. La asfixiante red de poder opresivo que dibuja Graziano se compone de clanes familiares millonarios que tienen bajo su control el petróleo, la banca, los laboratorios farmacéuticos, las empresas de armas, las universidades y los medios de comunicación más importantes del mundo.

Pero el libro tiene el mérito de abordar temas complejos desde una óptica global y abarcativa. Se ocupa de la estructura, a pesar de la cantidad de nombres que desfilan, y la historia se impone sobre la coyuntura de este año electoral en EE.UU. Como se resume en la contratapa, “quien piense que muchos de los enormes problemas del mundo comenzarían a solucionarse si cambiara el presidente de los Estados Unidos, se equivoca gravemente”.

9/7/2004

http://www.solesdigital.com.ar/libros/graziano.html

si si, es viejo el informe pero es muy recomendable el libro!

sábado, 17 de octubre de 2009



"A los jóvenes les pido que entiendan que lo material es temporario, lo que perdurará para siempre serán los ideales y entre ellos la gran convocatoria debería ser: educación y desarrollo científico en busca de una sociedad en la que la equidad social sea lo prioritario".

Dr. René G. Favaloro, Tel Aviv, Israel, 1995

domingo, 11 de octubre de 2009






















I don't want to be your friend

I just want to be your lover
no matter how it ends
no matter how it starts

El niño con el pijama de rayas trata un tema tan trascendente y doloroso en nuestra historia reciente como el holocausto. No desde un punto de vista histórico, ni desde un punto de vista adulto. La narración de los hechos se ofrece a través de la perspectiva de un niño de 9 años, Bruno. Sin embargo, el enfoque de la novela me resulta en ocasiones algo desesperante.
No voy a seguir la línea del editor y de muchas personas que, al hablar de la novela, omiten cualquier referencia a su argumento porque hay que leerla sin saber de qué trata, porque no hay que desvelar la sorpresa.

Fuente:http://www.papelenblanco.com/novela/el-nino-con-el-pijama-de-rayas-ingenuidad-narrativa-no-apta-para-todos



Titulo real:The boy in the striped pyjamas
Titulo opcional:EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS
Dirección: Mark Herman.
Países: Reino Unido y USA.
Año: 2008.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Interpretación: Asa Butterfield (Bruno), Vera Farmiga (la madre), David Thewlis (el padre), Jack Scanlon (Shmuel), Amber Beattie (Gretel), Richard Johnson (el abuelo), Shelia Hancock (la abuela), Rupert Friend (teniente Kotler), David Hayman (Pavel), Jim Norton (Herr Liszt), Cara Horgan (Maria).




Fuera de cualquier ideología la película está buena, no es un típico cliché de EEUU.


viernes, 9 de octubre de 2009


Harvey Bernard Milk nació el 22 de Mayo de 1930 en Woodmere, Nueva York. Después de graduarse en la Universidad de Albany en 1951 y de servir en la Marina norteamericana, siendo licenciado con honores, Milk se fue a vivir a Dallas, Texas (Ciudad y Estado de larga tradición ultraconservadora) donde su condición de judío no le ayudó precisamente a encontrar empleo. Durante un tiempo regresó a Nueva York, donde colaboró en tareas de producción en obras teatrales como Lenny o Jesucristo Superstar, trasladándose finalmente a San Francisco con su pareja en 1972, donde abrieron un negocio fotográfico en el 575 de la Calle Castro.
A partir de entonces, Milk comenzó a destacar como líder comunitario, fundando la Asociación de Comerciantes Locales de Castro Valley, y representando los intereses comerciales del vecindario frente al Gobierno de la Ciudad de San Francisco.
Harvey Milk intenta entonces presentarse al Concejo de Supervisores de San Francisco en dos ocasiones sin conseguir ser elegido. Pero mientras que los electores no acaban de depositar en él su confianza, sin embargo en poco tiempo su nombre comenzó a ser enormemente popular, convirtiéndose en mascarón de proa de la Comunidad Gay de la Ciudad, ganándose el cariñoso apodo de El Alcalde de la Calle Castro. Finalmente, en 1975, y gracias al apoyo público y de otras voces políticas más veteranas, Milk entró a formar parte del Concejo de Supervisores, por decisión personal del entonces alcalde George Moscone.
En 1977, después de que las normas electorales cambiasen en la ciudad y se empezasen a votar a los Supervisores por Distrito y no globalmente, Harvey Milk fue elegido Supervisor en las urnas por el distrito 5, pasando a ser el primer político abiertamente gay de los Estados Unidos, tercero de la comunidad GLBT, tras Kathy Kozachenco y Elaine Noble.
En sus 11 meses en el cargo, Milk patrocinó proyectos de ley para la comunidad GLBT y contribuyó decisivamente a derrotar una Proposición apoyada por un Senador del Estado, según la cual, profesores gays y lesbianas podían ser despedidos bajo el sólo argumento de su sexualidad. Así mismo, fue enormemente exitosa su labor en la defensa de las alianzas de las diferentes etnias de la ciudad y de líderes sindicales.
A finales de 1978, el Supervisor Dan White, un áspero opositor a las maneras y la política del Alcalde George Moscone, y por supuesto a las de Harvey Milk, renunció a su cargo. Poco después, y tras reconsiderar su decisión, solicitó a Moscone ser reincorporado a su puesto. En principio Moscone se mostró predispuesto, pero diversos líderes liberales de la ciudad, incluyendo Milk, se opusieron al regreso de White, con lo que finalmente este tuvo una respuesta negativa por parte del Alcalde.
El 27 de Noviembre de 1978, White, portando una pistola cargada, eludió los controles de entrada, colándose en el edificio del ayuntamiento por una ventana lateral. Tras esperar que el alcalde Moscone acabase una reunión y tras una discusión, Moscone invitó a White a su despacho, donde tras declinar el alcalde la petición de White, este le disparó dos tiros en el abdomen y luego otros dos en la cabeza.
Luego, se dirigió a la parte opuesta del ayuntamiento, bajando un pasillo hasta el despacho de Harvey Milk. Tras otra breve discusión, White comenzó a gritarle a Milk, disparándole varias veces: tres tiros en el pecho, uno en la espalda y dos en la cabeza.
En medio del caos, White huyó. Dianne Feinstein, entonces Supervisora, posteriormente Alcaldesa (sustituyendo al asesinado Moscone) y en la actualidad Senadora por California, fue quien primero descubrió el cuerpo muerto de Milk.
El cuerpo de Harvey Milk fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el Pacífico.
En el juicio a Dan White, su abogado argumentó que actuó bajo los efectos de una fuerte de depresión. Y esto no sólo lo salvó de la pena de muerte sino que fue condenado a sólo siete años de cárcel.
La ciudad, y especialmente la comunidad gay reaccionó negativamente ante un veredicto que interpretaron injusto y homófobo, produciéndose la llamada White Night Riots, en que una multitud frustrada y furiosa, portando velas encendidas, emprendió una marcha desde la Calle Castro hasta el Ayuntamiento, donde fueron calmados por la entonces nueva Alcaldesa Dianne Feinstein. La mayoría de los manifestantes actuaron entonces pacíficamente, depositando sus velas junto a la estatua de Abraham Lincoln situada en la delantera del edificio, pero otra parte de furiosos manifestantes causaron serios daños en el edificio, con rotura de ventanas y puertas. Un coche de la policía ardió durante los incidentes en los que sin embargo, no se registraron víctimas ni heridos.
Al poco de salir de la cárcel y tras reinstalarse en San Francisco, Dan White, el asesino, se quitó la vida inhalando el humo del motor de su propio vehículo.
Quizás Harvey Milk no fue un político excepcional, por otro lado no tuvo tiempo físico para dejar un hondo legado. Pero el tiempo en que fue Alcalde de la Calle Castro y las circunstancias de su asesinato inevitablemente han hecho de él, y ya para siempre, un icono incontestable en la historia de nuestros derechos civiles.

martes, 6 de octubre de 2009

El racismo bíblico

En el siglo XIX se desarrolló en Europa una interpretación racista del texto de la Biblia cristiana, a partir de algunas elaboraciones sobre el diluvio universal y los hijos de Noé, sobre todo de la maldición de Canaan, presentes ya en la Edad Media.
Según esta interpretación, la Biblia indicaría que hay tres razas humanas, provenientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. De Sem descenderían los judíos y árabes; de Cam, los negros; y de Jafet, los blancos. Esta visión bíblica de la humanidad dividida en razas se complementaba con la llamada maldición de Canaan, hijo de Cam, al que Dios condenó: "maldito sea Canaán, siervo de siervos será a sus hermanos" (Gén. 9:18-29 9:18-29). La interpretación racista de la Biblia, sostuvo que la maldición de Canaan fue una maldición de Dios a la "raza negra", por la cual ésta era condenada a servir a los blancos.
Esta interpretación fue ampliamente difundida, e incluso enseñada a los jóvenes africanos por las autoridades coloniales y los misioneros católicos y protestantes, a través de los libros escolares belgas durante la primera mitad del siglo.

domingo, 4 de octubre de 2009

Mas allá del Peronismo

Casa Tomada

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.



Un ultra-ortodoxo judío sostiene un pollo en sus manos, que más tarde será sacrificado como parte del ritual kaparot, en el que se cree que los pecados del año pasado se expiarán con el sacrificio del animal, en el barrio de Mea Shearim en Jerusalén. El ritual se realiza antes del Día de la Expiación, Yom Kippur, el día más sagrado del año judío.




fuente: http://entretenimiento.latam.msn.com/ar/fotogaleria.aspx?
cp-documentid=21910774&imageindex=2

domingo, 27 de septiembre de 2009


Ambition makes you look pretty ugly
Kicking and squealing gucci little piggy
You don't remember
You don't remember

¿ésto es democracia?


Hace unas semanas (justo con el escandalo de la nueva ley de medios "K"...segun TN) salieron estos carteles en repudio a Clarín, duraron muy poco en la calle, no sé si se dieron cuenta, porque hay gente que ni siquiera los vio.
¡Basta de discrimar, estamos en democracia!

jueves, 24 de septiembre de 2009

La industria cultural comienza junto con el “Taylorismo” y el “Fordismo”, donde se decide que el trabajador produzca de forma mecánica, en menos tiempo mas producción, aplicando ciertas características como la línea de montaje, la producción en serie, la estandarización e ínter cambiabilidad de piezas. Como dice en el texto “La administración científica”:el obrero es el mercado, es decir , dándole la posibilidad de crédito al obrero, está habilitado a consumir, y si hay demanda, hay consumo.
El Taylorismo provoca que el sujeto produzca de manera mecánica, pase del trabajo artesanal (donde hay originalidad en cada objeto) a la producción en serie (donde todo objeto es construido de igual manera, pasando por máquinas que realizan siempre los mismos movimientos), éste se puede ejemplificar muy bien en la película de Chaplín que muestran a los obreros realizando el mismo movimiento en cada producción, al sujeto lo utilizan como objeto productivo, pasando a ser un engranaje mas en la maquinización.
El trabajo es externo al trabajador, los mismos ámbitos laborales lo alienan de su identidad, éste se niega infelizmente, apesadumbrándose, sólo se reconoce fuera del oficio y no dentro de él, a la hora de finalizar calma sus necesidades con la industria cultural, ella lo enajena y permite que no se cuestione nada de su rutina.
El fordismo se halla ubicado en la sociedad de masas, donde la producción material se encuentra vinculada a la falsa identidad universal y personal.
Las películas y la radio no tienen ya mas necesidad de hacerse pasar por arte, señala Adorno, ya que la producción cultural se analiza desde una lógica industrial pasando a ser negocios que solo sirven de ideologías, transformándose en métodos de reproducción que conducen la manipulación del deseo de las personas, provocando que la gente satisfaga su necesidad con productos estándares.
La libertad sólo existe cuando se realiza una elección en un marco caracterizado por la independencia de los deseos.
Un ejemplo estereotipado de la necesidad de los consumidores son los clichés, que conforman un circulo de manipulación, alienando al público, por ejemplo en “Patas arriba” Galeano afirma: ...“la otra realidad, la de los personajes, sustituye la realidad de la personas, mientras transcurre cada capítulo, y durante ese tiempo mágico la televisión es el templo portátil que brinda EVASIÓN, redención y salvación a las almas sin amparo”...
La producción en serie termina siendo una evasión eficaz para los sectores dominantes, ya que uno se encuentra ajeno a su propia identidad y es mas fácil de manejar.
Si se analiza esquemáticamente una película de Warner Brothers, quizás sin mirar el final se sabrá de antemano como terminará, ya que generalmente están basadas en clichés para encantar la atención del público y que cada persona salga del cine maravillado por los ideales actores, y la feliz historia que acaba de ver.
Dicha película no dejará pensar a los espectadores y les atrofiará la expresión, todo va a estar armado para que la imaginación del público no vaya mas allá, mejor explicado por Adorno: “...los productos están hechos de forma tal que la percepción adecuada exija rapidez de intuición, dotes e observación, competencia especifica, pero prohíbe también la actividad mental del espectador, si éste o quiere perder los hechos que le pasan rápidamente delante”...
Los productos de la industria cultural son consumidos rápidamente, cada uno de ellos es un gran modelo de capital, y provocan que el deseo, no sólo nos imponga el “tu debes”, sino también el “tu quieres”. El sujeto deja de ser sujeto, y pasa a ser objeto, disfrazando quien verdaderamente es por un “deseo”que le imponen, y éste accede para luego ser aceptado en la sociedad
La tarea de la prudencia es buscar la génesis de esos deseos, para poder negarlos o afirmarlos de manera tal que se pueda encontrar la propia libertad.
“la cultura comenzó a revestir cada vez mas las formas del mercado y la producción industrial, pasando de actores-espectadores a productores-consumidores”...
Cada objeto cultural es ideado como un producto, al que se le designa un valor económico que va mas allá de lo artístico o lo filosófico, de ésta manera el mercado se encarga de quitarle la escencia, y buscar una oferta ideal, para ser producido y luego demandado por la sociedad.
“La industria cultural es la industria de la diversión” debido a que enajena, provoca que el individuo esté de acuerdo con su forma de vida y escape de su realidad. El espectador, no debe necesitar de ningún pensamiento propio, debe negar el pensamiento crítico. Por ejemplo debe divertirse con la TV burlándose de una desgracia ajena. La industria cultural introduce en la conciencia del público maneras de ver, pensar y sentir la realidad dejándose manejar fácilmente de lo contrario, si el trabajador, obrero, tendría un criterio válido, se revolucionaría trayendo problemas al Sector Dominante.