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martes, 2 de marzo de 2010

A convertir en ruinas y escombros la sociedad de clases

x anonim@ hommodolars

Tras 25 años de acumulación de tensión, las placas sobre las que se encuentra situado físicamente este territorio llamado Chile han liberado una cantidad impresionante de energía, en aquello que para los humanos constituye un terremoto, "catástrofe natural" por excelencia.

Pero no vivimos en sociedad cualquiera, sino que en el capitalismo, la forma más concentrada y extrema de sociedad de clases, y las catástrofes, si bien pueden provenir de las fuerzas de la naturaleza, no son "naturales"en cuanto a sus efectos, sino que sociales.

La catástrofe social que en sí misma constituye el funcionamiento de la Economía mercantil se hace evidente en estos casos, pues no son las casas de los capitalistas las que se agrietan y caen, no son las familias de los burgueses las que se quedan sin provisiones básicas, y no son tampoco nuestros amos los que se quedan incomunicados y casi sin posibilidad de desplazarse en ciudades de mierda donde el transporte colectivo cumple una función disciplinaria y de mero transporte de mercancía humana.

El urbanismo no es inocente, y los efectos del terremoto se deben a decisiones conscientes de cierto sector de la industria -al que los poderes políticos se acomodan como buenos representantes de clase- y a las planificaciones y regulaciones conscientes del Estado: ellos son responsables ante el hecho de que muchos proletarios hayan quedado literalmente con lo puesto.

Mientras los empresarios responsables de la caída y colapso de edificios recién construídos apenas responderán con ciertos juicios civiles y pago de multas, son tratados de "delincuentes" y reprimidos policial y mediáticamente los proletarios que se saltan la intermediación que el Estado refuerza entre ellos y las mercancías que toda la humanidad asalariada produce directa e indirectamente (pues hasta cuando dormimosm andamos en micro y vemos tele estamos valorizando el capital). Si todas las personas entrevistadas por los medios (des)información coinciden en decir que lo que importa es la vida, y que "todo lo material se recupera", es totalmente lógico, justo y necesario que recuperemos nuestras vidas mediante la apropiación directa de las mercancías acumuladas en los estantes de supermercados, farmacias y demás templos de la sociedad mercantil.

El aparato represivo del Estado está a punto de ser desbordado por las masas dedicadas a la expropiación de los expropiadores. En Concepción se han visto obligados a tolerar cierto nivel de apropiación de mercancías, y los perros de la prensa burguesa se aprestan a inventar nuevas líneas divisorias entre quienes se apropian de "productos de primera necesidad" y quienes se apoderan de otro tipo de mercancías "innecesarias". Sin saberlo, dan cuenta de la distinción entre necesidades humanas reales, que el Capital sistemáticamente ignora, y los bienes "superfluos" a cuya construcción, promoción y distribución consagra inútilmente las energías de una enorme cantidad de proletarios. Insistimos en que, si bien tal distinción es real, en la práctica del momento de crisis y acción colectiva no tiene demasiada importancia, pues los proletarios dedicados a la expropiación tienen perfecto derecho a sacarle al Capital todas las tajadas de plusvalía que estimenen necesarias para satisfacer directamente sus necesidades y placeres.

El espectáculo más lamentable lo ofrecen aquellos buenos ciudadanos que anhelan que el comercio les abra sus puertas para poder usar su dinero y comprar mercancías, pues no quieren "robar". ¿Donde quedó aquella sabia afrimación del sentido común popular que dice que "el ladrón que le roba al ladrón tiene cien años de perdón"?

En vez de destinar todas sus fuerzas al rescate de víctimas, y luego de mostrar gran torpeza y mala fe a través de la Armada (que emitía comunicados en que se descartaba el riesgo de maremotos ¡cuando estos ya estaban ocurriendo!), el Estado, además de reprimir a los "saqueadores", ha destinado importantes esfuerzos a buscar y recapturar a quienes de entre los 55 mil presos que hay en Chile se atrevieron a aprovechar la confusión y daños en edficios para escapar de las mazmorras carcelarias del Estado. En esta labor el Estado de Chile ha sumado a las víctimas del terremoto una cierta cantidad de compañeros ejecutados en las calles sencillamente por ser fieles a su idea de libertad.

En el momento presente los proletarios anticapitalistas debemos profundizar nuestras redes de comunicación y apoyo mutuo, y no cansarnos de señalar la naturaleza profundamente social de la "catástrofe", a la vez que participar directamente de las actividades que tiendan a crear comunidades en lucha apropiándose directamente de valores de uso y atacando al Estado/Capital. Y en tanto perspectiva histórica concreta sabemos que, al igual que en el subsuelo terrestre, dentro del tejido social se acumulan tensiones que necesariamente deberán llevarnos a una inminente gran insurrección. Se trata de simple "sismología social", es decir, lucha de clases.

EL CAPITALISMO ES LA CATÁSTROFE

¡VIVAN LOS SAQUEOS Y ACCIONES DIRECTAS CONTRA EL ESTADO/CAPITAL!

¡A RECUPERAR NUESTRAS VIDAS, PREPARANDO LA PRÓXIMA INSURRECCIÓN!


Para leer mas artículos similares a éste:

http://www.hommodolars.org/web/spip.php?article2991

http://santiago.indymedia.org

¡Fuerza Chile!




martes, 23 de febrero de 2010

En 1918, según escribió a Crotti, a Duchamp Buenos Aires le pareció muy machista, pues la sociedad bonaerense no aceptaba a las mujeres solas. Además, escribió a Ettie Stettheimer «Buenos Aires no existe. No es más que una gran población provinciana con gente muy rica sin pizca de gusto que todo lo compra en Europa».

lunes, 18 de enero de 2010

Apoyando la cultura de Latinoamérica

AGRUPACION ARTISTICA Y CULTURAL TITERIKE
de Temuko, Chile
Sus objetivos son principalmente difundir y promover el Teatro de Títeres en la
Novena Región de La Araucanía, y establecer nexos de cooperación y comunicación con todas las personas y/o instituciones que promuevan el desarrollo cultural y los valores humanistas a través del arte y la cultura.


Para mejor información: http://titerike.blogspot.com/


sábado, 12 de diciembre de 2009

El diario de Colón traducido por el dueño del diario La Nueva Provincia

EDITORIAL
Mapuches

Envalentonados por la teoría en boga (y falsa) de que constituyen una estirpe originaria de nuestro suelo, grupos de descendientes mapuches en franca escalada reivindicatoria han ocupado por la fuerza en estos días un predio de tierras fiscales argentinas.
Además de esto, y para enfatizar --suponemos-- su voluntad de diferenciarse culturalmente de quienes no sean ellos, tomaron por asalto primero y por botín después las instalaciones de una iglesia católica, cuya feligresía presente y ausente se sentirá, mal que pese a los reivindicantes, mas católica que mapuche.
Hace cientos de años la gente de este pueblo, respetable como la de cualquier otro, llegó desde la transcordillera chilena hasta el territorio que hoy es nuestro y liquidaron, por diezmamiento y exclusión, a los indios autóctonos de aquí: los tehuelches.
Se valieron para esto de una superioridad en número y fuerza idéntica a la empleada más tarde por los españoles para diezmarlos y excluirlos a ellos. A lo segundo le dicen genocidio, mientras todos callan lo primero por no parecer políticamente incorrectos.
Ni de lejos son la Argentina y sus leyes lo mismo que España y las suyas. Pero sólo un tonto discutiría que, como cultura y como lengua, nos acercamos bastante más a la madre patria que al pueblo mapuche.
Debido a esa tradición, nuestra nación elige acoger como hijos a los de cualquier raza, y aun de permitir que critiquen su ley. No que la desacaten.

http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/1/11/2009/9b1003.html (copiar y pegar el link para ver el original porque mi ignorancia cibernetica todavía sigue siendo COLOSAL)

Si, si leen ésto personas que no saben de historia, literatura o antropología, van a tener un razonamiento bastante errado de lo que fue la cultura Mapuche.
Y pensar que éste es un diario leído por gente bahiense que piensa que en él está escrita la verdad social.
¡Pues no!, están equivocados...creo que no soy la única que opina que hay que dudar mas de los medios de comunicación.

martes, 20 de octubre de 2009

Una radiografía del poder global
Libro: Hitler ganó la guerra. Autor: Walter Graziano. Sudamericana. 234 páginas.

HitlerEs necesario comenzar a hablar de este libro haciendo una advertencia a los potenciales lectores: ya sea por atracción o repulsión, no se guíen ni por la tapa ni por su título. El autor no es ningún neonazi que alucina con una imagen triunfante del Fuhrer, ni nada que se le parezca.

Es más, el libro se ocupa de Hitler y el nazismo apenas en algunos parágrafos. Esta obra es en realidad una exhaustiva y documentada investigación sobre la elite oligárquica que controla el poder en los Estados Unidos desde sus orígenes como Estado. Pero no es un libro de historia, aunque muchos de los problemas de los que se ocupa tengan su origen en el siglo XIX.

El libro se ocupa de la situación actual de la estructura de poder mundial que lidera Estados Unidos, y por lo tanto el actual presidente Bush y su familia se convierten en el eje de la investigación de Graziano. Desde la importancia que Bush padre tuvo para la CIA, hasta el peso del oligopolio petrolero en las decisiones políticas, los Bush son personajes nefastamente recurrentes en esta historia. El sujeto central de este libro es la “elite angloamericana”, y se muestra como el establishment norteamericano proviene de las oligarquías inglesas que conquistaron esa tierra siglos atrás.

Como economista que es, Graziano se centra en el poder económico, y como este se transforma en elitismo político. No hay nada de foucaultiano en su concepción del poder; no está ni disperso ni difuminado en los distintos estamentos sociales. El poder del que habla Graziano tiene nombre y apellido, lugares y fechas, montos y números. Es un poder monolítico, conspirador y omnipotente. De ahí la analogía con el tipo de poder que ejerció Hitler, y que el autor sugiera que la sociedad norteamericana de hoy sea una versión triunfante del derrotado modelo nazi; siempre en lo referente a la organización del Estado y las relaciones de connivencia entre las corporaciones económicas con los gobernantes.

También hay algunas relaciones puntuales entre el nazismo y la elite angloamericana de Estados Unidos, sobre todo en cuanto a inversiones de empresarios norteamericanos en el Tercer Reich (petróleo e industria), puntos ideológicos en común (sobre todo el racismo) o el refugio que se dio a prestigiosos nazis luego de la guerra. Pero no mucho más hay sobre el nazismo, en un libro donde la estrecha relación entre las oligarquías norteamericanas e inglesas ofrece muchos más puntos de apoyo para comprender el conflicto que se estudia.

Al especializarse en economía, los dos primeros capítulos del libro de Graziano son de corte casi técnicos. Quizás el primer capítulo dedique demasiado espacio a una sutileza macroeconómica que en realidad es ya una evidencia –que la búsqueda del puro beneficio individual en los sujetos lleva a la destrucción de la sociedad a la que pertenecen–, y ahuyente a lectores que no están especializados en la materia; pero que bien podrían interesarse en las cuestiones que se abordan más adelante. Ese primer capítulo es una barrera bastante importante para el lector medio, no universitario, que quizás no tenga ganas de seguir leyendo luego de tanta teoría macroeconómica; aunque el resto del libro sea muy atrayente para un público bastante más amplio.

Puede ser que el título y la tapa del libro, de corte más marketineros, sean una forma de compensar esto, y alentar a los lectores a seguir adelante. Quienes lo hagan, tendrán la suerte de encontrar datos reveladores sobre los atentados del 11 de septiembre, sobre la dinastía Bush y el consorcio que maneja el poder a nivel mundial y sus mecanismos (como el FMI o el Banco Mundial). El último capítulo, sobre las sociedades secretas que desde las universidades norteamericanas sustentan este perverso mecanismo, deja un amargo gusto conspirativo. Al final del libro, si alguien se siente un poquito paranoico, está en todo su derecho. La asfixiante red de poder opresivo que dibuja Graziano se compone de clanes familiares millonarios que tienen bajo su control el petróleo, la banca, los laboratorios farmacéuticos, las empresas de armas, las universidades y los medios de comunicación más importantes del mundo.

Pero el libro tiene el mérito de abordar temas complejos desde una óptica global y abarcativa. Se ocupa de la estructura, a pesar de la cantidad de nombres que desfilan, y la historia se impone sobre la coyuntura de este año electoral en EE.UU. Como se resume en la contratapa, “quien piense que muchos de los enormes problemas del mundo comenzarían a solucionarse si cambiara el presidente de los Estados Unidos, se equivoca gravemente”.

9/7/2004

http://www.solesdigital.com.ar/libros/graziano.html

si si, es viejo el informe pero es muy recomendable el libro!

sábado, 17 de octubre de 2009

"A los jóvenes les pido que entiendan que lo material es temporario, lo que perdurará para siempre serán los ideales y entre ellos la gran convocatoria debería ser: educación y desarrollo científico en busca de una sociedad en la que la equidad social sea lo prioritario".

Dr. René G. Favaloro, Tel Aviv, Israel, 1995

viernes, 9 de octubre de 2009


Harvey Bernard Milk nació el 22 de Mayo de 1930 en Woodmere, Nueva York. Después de graduarse en la Universidad de Albany en 1951 y de servir en la Marina norteamericana, siendo licenciado con honores, Milk se fue a vivir a Dallas, Texas (Ciudad y Estado de larga tradición ultraconservadora) donde su condición de judío no le ayudó precisamente a encontrar empleo. Durante un tiempo regresó a Nueva York, donde colaboró en tareas de producción en obras teatrales como Lenny o Jesucristo Superstar, trasladándose finalmente a San Francisco con su pareja en 1972, donde abrieron un negocio fotográfico en el 575 de la Calle Castro.
A partir de entonces, Milk comenzó a destacar como líder comunitario, fundando la Asociación de Comerciantes Locales de Castro Valley, y representando los intereses comerciales del vecindario frente al Gobierno de la Ciudad de San Francisco.
Harvey Milk intenta entonces presentarse al Concejo de Supervisores de San Francisco en dos ocasiones sin conseguir ser elegido. Pero mientras que los electores no acaban de depositar en él su confianza, sin embargo en poco tiempo su nombre comenzó a ser enormemente popular, convirtiéndose en mascarón de proa de la Comunidad Gay de la Ciudad, ganándose el cariñoso apodo de El Alcalde de la Calle Castro. Finalmente, en 1975, y gracias al apoyo público y de otras voces políticas más veteranas, Milk entró a formar parte del Concejo de Supervisores, por decisión personal del entonces alcalde George Moscone.
En 1977, después de que las normas electorales cambiasen en la ciudad y se empezasen a votar a los Supervisores por Distrito y no globalmente, Harvey Milk fue elegido Supervisor en las urnas por el distrito 5, pasando a ser el primer político abiertamente gay de los Estados Unidos, tercero de la comunidad GLBT, tras Kathy Kozachenco y Elaine Noble.
En sus 11 meses en el cargo, Milk patrocinó proyectos de ley para la comunidad GLBT y contribuyó decisivamente a derrotar una Proposición apoyada por un Senador del Estado, según la cual, profesores gays y lesbianas podían ser despedidos bajo el sólo argumento de su sexualidad. Así mismo, fue enormemente exitosa su labor en la defensa de las alianzas de las diferentes etnias de la ciudad y de líderes sindicales.
A finales de 1978, el Supervisor Dan White, un áspero opositor a las maneras y la política del Alcalde George Moscone, y por supuesto a las de Harvey Milk, renunció a su cargo. Poco después, y tras reconsiderar su decisión, solicitó a Moscone ser reincorporado a su puesto. En principio Moscone se mostró predispuesto, pero diversos líderes liberales de la ciudad, incluyendo Milk, se opusieron al regreso de White, con lo que finalmente este tuvo una respuesta negativa por parte del Alcalde.
El 27 de Noviembre de 1978, White, portando una pistola cargada, eludió los controles de entrada, colándose en el edificio del ayuntamiento por una ventana lateral. Tras esperar que el alcalde Moscone acabase una reunión y tras una discusión, Moscone invitó a White a su despacho, donde tras declinar el alcalde la petición de White, este le disparó dos tiros en el abdomen y luego otros dos en la cabeza.
Luego, se dirigió a la parte opuesta del ayuntamiento, bajando un pasillo hasta el despacho de Harvey Milk. Tras otra breve discusión, White comenzó a gritarle a Milk, disparándole varias veces: tres tiros en el pecho, uno en la espalda y dos en la cabeza.
En medio del caos, White huyó. Dianne Feinstein, entonces Supervisora, posteriormente Alcaldesa (sustituyendo al asesinado Moscone) y en la actualidad Senadora por California, fue quien primero descubrió el cuerpo muerto de Milk.
El cuerpo de Harvey Milk fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el Pacífico.
En el juicio a Dan White, su abogado argumentó que actuó bajo los efectos de una fuerte de depresión. Y esto no sólo lo salvó de la pena de muerte sino que fue condenado a sólo siete años de cárcel.
La ciudad, y especialmente la comunidad gay reaccionó negativamente ante un veredicto que interpretaron injusto y homófobo, produciéndose la llamada White Night Riots, en que una multitud frustrada y furiosa, portando velas encendidas, emprendió una marcha desde la Calle Castro hasta el Ayuntamiento, donde fueron calmados por la entonces nueva Alcaldesa Dianne Feinstein. La mayoría de los manifestantes actuaron entonces pacíficamente, depositando sus velas junto a la estatua de Abraham Lincoln situada en la delantera del edificio, pero otra parte de furiosos manifestantes causaron serios daños en el edificio, con rotura de ventanas y puertas. Un coche de la policía ardió durante los incidentes en los que sin embargo, no se registraron víctimas ni heridos.
Al poco de salir de la cárcel y tras reinstalarse en San Francisco, Dan White, el asesino, se quitó la vida inhalando el humo del motor de su propio vehículo.
Quizás Harvey Milk no fue un político excepcional, por otro lado no tuvo tiempo físico para dejar un hondo legado. Pero el tiempo en que fue Alcalde de la Calle Castro y las circunstancias de su asesinato inevitablemente han hecho de él, y ya para siempre, un icono incontestable en la historia de nuestros derechos civiles.